6.11.09

Ayuda a los inmigrantes

Interesante artículo de Enric González en El País sobre la negativa de ayudas del Ayuntamiento de Barcelona a Braval, una iniciativa del Opus Dei en el barrio de El Raval para integrar a niños y jóvenes españoles y extranjeros:


En Braval, una de las entidades asistenciales del barrio, se ocupan de la integración de niños y jóvenes españoles y extranjeros. Por explicarlo rápido, les atraen con deportes y actividades extraescolares, les enseñan a convivir e intentan que, ya puestos en ello, estudien. Braval es del Opus Dei, lo cual puede suscitar cierto recelo a según quien. El Ayuntamiento de Barcelona les ha denegado este año la subvención porque sólo trabajan con chicos (tienen otra cosa para chicas y mujeres jóvenes, llamada Terral), y eso no se aviene, al parecer, con las directrices municipales sobre integración sexual.

Tampoco es que la subvención recibida en años anteriores fuera para tirar cohetes. En 2008 ascendió a unos 3.000 euros. Teniendo en cuenta que Braval paga unos 8.000 euros anuales en concepto de alquiler de equipamientos deportivos municipales, sólo significa que el Ayuntamiento hará aún más negocio en el presente ejercicio.


Vale la pena visitar las instalaciones de Braval, fundada en 2002 en la calle de la Cera, para ver el Raval desde abajo, desde el punto de vista de los niños. Tiene sus símbolos cristianos, su capilla y su placa dedicada a Escrivá de Balaguer, pero el barullo (las idas y venidas de los chavales, la limpieza de las camisetas deportivas, la manutención de los ordenadores) y la mezcla (chicos procedentes de 30 países, con 10 idiomas distintos y nueve religiones, sin contar con los no religiosos) generan un cierto ecumenismo. En cualquier caso, el objetivo de Braval no consiste en salvar almas, sino en resolver urgencias muy concretas y materiales. Su director, Pep Masabeu, un tipo tremendamente pesado cuando se trata de conseguir cosas para sus chavales (casi 250 este ejercicio), es pedagogo. ¿Sus máximos orgullos? Que seis de sus críos hayan llegado ya a la Universidad, que una cincuentena hayan encontrado trabajo regular, que varios de ellos se hayan convertido a su vez en voluntarios para ayudar a los que están llegando.

En el Bronx neoyorquino existe un centro similar, el Cretona, también del Opus. Lo visité hace unos años. Pregunté a un voluntario (numerario del Opus Dei) si los chicos, de entre 10 y 18 años, tenían que ir a misa. "¿Misa? Mi trabajo consiste ahora mismo en evitar que ese cabronazo de ahí (y señaló con una sonrisa a un chavalín que tendría 11 o 12) acabe robando en las iglesias pistola en mano, e intentaré que estudie y se imponga un mínimo de autodisciplina; a partir de ahí, él sabrá". La idea viene a ser ésa.

La imperfección, al desnudo

La actitud contemporánea ante la imagen del cuerpo humano pone de manifiesto una curiosa paradoja: en el mundo real estamos obsesionados por la búsqueda del cuerpo 10, el pánico a lo imperfecto, la eterna juventud, la belleza corporal, aunque sea al precio de la cirugía estética; mientras, en el mundo del arte se compite para ver quién muestra el cuerpo humano de forma más degradada o repulsiva. María Molina es Directora de la Galería ArteVeintiuno. Nos lo cuenta en Aceprensa (24-10-09)


Uno se pregunta por qué buena parte del arte contemporáneo da una visión tan degradada del cuerpo humano, con un posicionamiento “maldito” anti-yo, en contraste con la obsesión social por la búsqueda de la perfección corporal. Si al ver el arte de otras épocas creemos detectar cuál era el ideal de belleza corporal del momento, en el caso actual resultaría totalmente equívoco. Calvo Serraller, en Los géneros de la pintura, advierte que la concepción del desnudo en el arte contemporáneo refleja sobre todo “la idea de la imperfección, de la antielección, el antiideal”, la vida como es.

Un icono como el recién fallecido Michael Jackson nos mostró su mejor música, francamente genial, y su aspecto físico transformado, una renuncia a su color de piel y a sus rasgos de raza, en búsqueda de una perfección corporal imaginada en el País de Neverland.

Un género artístico polémico
Nuestro amor por la belleza, según el crítico Kennedy Fraser, “tiene algo de desesperado, heroico, humano”. Amamos nuestra imagen y la reflejamos en el arte. Aceptada la perfección y la belleza de la forma humana, los artistas se apoderan de ella para describirla y explicarla.

Existe la creencia de que el cuerpo humano desnudo es en sí un objeto en el que la vista se detiene con agrado y que nos complace ver representado. Desde la época clásica el cuerpo humano ha constituido una materia prima que ha suscitado el interés de todas las disciplinas –pintura, escultura y hoy también fotografía–, pero las trabas para representarlo han sido innumerables. El desnudo tal vez sea el género más polémico de la Historia del Arte.

El crítico Kenneth Clark afirma: “un desnudo es una forma de arte inventada por los griegos en el siglo V (a.C.), del mismo modo que la ópera es una forma de arte inventada en Italia en el siglo XVII. El desnudo no es un tema de Arte sino una forma de Arte” (El desnudo, Alianza, Madrid, 2002, p.34).

Tanto por las constantes prohibiciones como por la atracción que ejercen los cuerpos desnudos, resulta un tema artístico sumamente interesante. En la segunda década del siglo XX, cuando las costumbres se vuelven aparentemente más naturales y la mentalidad más abierta, la fotografía se beneficia de los influjos de ese cambio postulándose como un género artístico autónomo. Se abren así nuevas vías de experimentación creativa en las que el desnudo se desliga de la censura moral y de la clandestinidad, hasta llegar en los últimos años a una situación de normalidad. (Ver texto completo)

4.11.09

50 obispos anglicanos pasan a la Iglesia Católica

Los obispos, sacerdotes y fieles anglicanos que hasta ahora llegaban a la Iglesia católica eran recibidos individualmente a título personal. Benedicto XVI ha creado un sistema para que puedan ser recibidas en la Iglesia católica parroquias enteras con sus respectivos fieles o incluso diócesis enteras como han solicitado unos 50 obispos anglicanos. La petición requiere aceptar explícitamente el catecismo de la Iglesia católica y la autoridad del Papa.

Card. William Joseph Levada
Prefecto Congregación de la Doctrina de la Fe:
"Sí, serán católicos. Eso quedará claro, porque como las personas que siguen el proceso de catecumenado, hacen una profesión de fe personal y ritual". La estructura de acogida en la Iglesia católica serán los Ordinariatos personales, similares a los Ordinariatos militares ya existentes o a las Iglesias católicas de rito oriental.

3.11.09

Cuando contemplo el cielo…

Texto de Mons. José Antonio Munilla, obispo de Palencia

Se cumplen cuatrocientos años desde que Galileo apuntase por primera vez al cielo con su telescopio, y las Naciones Unidas han declarado el 2009, el Año Internacional de la Astronomía. Si bien es cierto que la ciencia astronómica tiene sus propios fines y métodos, el hombre religioso recibe con sumo interés todos sus descubrimientos y avances, porque para nosotros el firmamento es un lugar privilegiado por el que nos asomamos al misterio de la inmensidad de Dios y a la contemplación de su infinita belleza. Así lo dice el Salmo 8: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?” (Sal 8, 4-5).


Inmensidad del universo: ¡Ponte en mis manos y… observa!

La astronomía dispone de las comprobaciones científicas suficientes para afirmar que el universo es finito y que está en expansión. Recientemente, un astrónomo sevillano, José Luis Comellas, nos impresionaba con unos datos que nos ayudan a contemplar el universo: Cuando observamos el sol, lo estamos viendo tal y como era hace ocho minutos. La razón es que, ése es el tiempo que tarda en llegar la luz desde el sol hasta nosotros, a razón de 300.000 kilómetros por segundo. Y cuando miramos en el firmamento la Estrella Polar, la estamos viendo como era hace ¡trescientos años! Pero… eso no es nada, comparado con la distancia que nos separa de la Galaxia de Andrómeda: la luz que nos llega hoy desde ella, ha salido hace ¡¡dos millones de años!! Podría haber ocurrido perfectamente que esa galaxia hubiese desaparecido hace miles de años, y que nosotros no tuviésemos todavía noticia de ello... Desde estos datos, los creyentes nos maravillamos al considerar que toda esta inmensidad que forma el Universo, no es sino una pequeña criatura del amor de Dios.

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Una de las cuestiones más apasionantes es la posibilidad de encontrar otras formas de vida en el Universo, y especialmente, otras formas de vida inteligente. De forma mayoritaria, la comunidad científica no excluye esa posibilidad, aunque estima que las probabilidades son pequeñas, dadas las condiciones tan hostiles para la vida en el universo conocido.

En la hipótesis de que solamente existiese vida inteligente en la Tierra, parece lógico que los creyentes nos hagamos la pregunta de por qué un universo tan inmenso: ¿Somos tan importantes como para que Dios crease un universo de estas dimensiones, teniéndonos sólo a nosotros como sus habitantes? Si así fuese, estaríamos ante una prueba más de la dignidad del hombre. Tal vez, Dios nos está diciendo: “Si piensas que el firmamento es maravilloso, deberías ver mi obra maestra en…¡el espejo!”.

Iglesia Católica y astronomía

Una de las leyendas negras más extendidas contra la Iglesia Católica es la sospecha de que en su historia se ha comportado como enemiga de los avances científicos. La realidad es justamente lo contrario: Baste recordar que Copérnico fue un eclesiástico polaco; o que Lemaître, el pionero en proponer la hipótesis del Big Bang como origen del universo, era un sacerdote belga. Sin olvidar que los papas fueron grandes impulsores del estudio del cosmos, hasta el punto de fundar tres observatorios astronómicos.

Por lo que respecta al caso Galileo, frecuentemente aducido, hoy en día sabemos con precisión que el factor determinante del conflicto no fue otro que las malas relaciones personales y las rivalidades entre científicos. Conviene recordar que Galileo no estuvo un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis –ciertamente, una injerencia indebida del tribunal eclesiástico, como reconoció Juan Pablo II-, consistió solamente en una reclusión en su propia casa y la recitación de algunas oraciones. La leyenda negra sobre Galileo no sólo ha extendido la falsedad de su condena a la hoguera, sino que ha ocultado que Galileo falleció en su vejez, bajo el cuidado de su hija religiosa, y habiendo recibido la bendición papal.

En el momento presente, la Santa Sede mantiene un Observatorio Astronómico, conocido con el nombre de la “Specola Vaticana”, desde el que se están impulsando importantes proyectos. Su razón de ser es el diálogo interdisciplinar, ya que la astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, al mismo tiempo que nos introduce en un terreno fronterizo, entre ciencia, teología y filosofía.

1.11.09

Carta póstuma

Un amigo bloguero me envía esta carta póstuma de un padre a sus hijos. Se trata de algo real, ocurrido en Valladolid, que quiero publicar aquí por su ejemplaridad:


Queridos todos:

Si leéis esta carta es que el Señor me ha llamado a su presencia. Espero, de su benevolencia, perdone mis cobardías, egoísmos, traiciones. Mis últimos deseos os los dejo en esta carta, espero que reflexionéis sobre ello.

En primer lugar, querer a mamá y mimarla cuanto podáis; todo sería, en términos económicos, poco para pagar el cariño y develo hacia vosotros, toda una vida sin más objetivo que ¡sus hijos! Habrá tenido fallos, pero son insignificantes en el haber general. Todo cariño es poco para compensar sus preocupaciones, sus dolores por todos vuestros problemas. Pero no se trata de compensar nada, mamá ha cumplido con todo su saber y energía la función de madre. Se trata que le deis el cariño y el mimo que ella necesita en este tiempo difícil para ella.

Segundo: Llevaos bien, permaneced unidos. Tratrar de comprenderos y respetaros. No ampliéis vuestras diferencias, ayudaros todos y en especial al que más lo necesite.

Tercero: he tratado de transmitiros la fe que a su vez mis padres me dieron a mí y tengo como el bien más precioso. En algo he fallado, pues me parece que vuestra vida espiritual es lánguida, como si tuvierais miedo a que esa fe fuera incompatible con el mundo actual. La fe que yo he querido daros es en un Dios bueno, paciente, que sólo busca nuestro bien, aunque la impaciencia humana sea un obstáculo para entender sus decisiones.

La felicidad en este mundo está en entender y aceptar con alegría lo que Dios nos manda, apoyados en esa fe, que cree firmemente que Dios nunca nos abandona. Una vida espiritual sin frecuentar los sacramentos es una vida anémica. La comunión frecuente es el mejor alimento del alma.

Cuarto: No quiero lutos para mí, ni visitas al cementerio. Sí os pido que cuando os acordéis pidáis a Dios por mí y en vuestras comuniones tended un recuerdo para vuestro padre.

Quinto: Deseo que mis cenizas reposen junto a mis padres. La esquela la dejo hecha. Deseo que no figure ningún título, simplemente el nombre y debajo: "dejo este mundo, en Valladolid, el día... de... esperando de la misericordia del Padre ganar la vida eterna".

Sexto: A los que, por razones de matrimonio, os habéis encontrado formando parte de mi familia, mi agradecimiento por haber soportado mis errores, mis pesadeces, que sin duda las ha habido. Mi actitud hacia vosotros no ha sido de aceptación, sino de cariño. Todos tenéis virtudes para ser amados. En la parte que os toca, procurad fomentar la unión entre los hermanos. No todos somos iguales, hay diferencias pero éstas no deben ser elevadas a la categoría de enemistades.

Habéis sido buenos hijos, cada uno a su manera siempre me habéis demostrado cariño. Os he querido sin límite y sin diferencias, he procurado formaros lo mejor que he sabido y me he preparado para ello. Habrá habido fallos, propios de la imperfección humana, nunca por despreocupación o falta de amor.

Para todos mi agradecimiento.

29.10.09

La distribución del trabajo

Antonio Mencía publica en su blog esta interesante aportación sobre el trabajo en el hogar y sus repercusiones:


Los hombres en España aún participan de forma casi testimonial en las labores del hogar y el cuidado de los hijos, lo que sitúa al país por debajo de la media del mundo desarrollado en igualdad de género y explica su baja tasa de natalidad, asgura un estudio publicado en ‘Journal of Population of Economics’.

“La situación en nuestro país está bastante mal si la comparamos con la de otros países”, asegura Almudena Sevilla, investigadora del Departamento de Economía de la Universidad de Oxford y coordinadora de un estudio sobre la relación entre la división del trabajo doméstico y la formación de la pareja, publicado en la revista ‘Journal of Population of Economics’.

La experta señala enuna entrevista con EFE que si bien la sociedad no considera ya que la mujer tenga que quedarse en casa, tampoco es habitual contemplar la posibilidad de que sólo trabaje y no se ocupe de las tareas domésticas, al revés que con los hombres.

El trabajo está basado en 13.567 entrevistas realizadas en 12 países, de las cuáles 1.781 se llevaron a cabo en España. Los resultados revelan que nuestro país ocupa la octava posición en la clasificación de igualdad entre hombres y mujeres en países desarrollados, por detrás de Suecia, Noruega, Reino Unido (incluida Irlanda del Norte, que se examina aparte en la investigación), Estados Unidos, Holanda e Irlanda y por encima de Nueva Zelanda, Japón, Alemania, Austria y Australia.

La puntuación española fue de -0,08, no muy lejos del último clasificado (-0,16) y, sin embargo, a una distancia notable del primero del ránking, Suecia (0,43). En el apartado de conclusiones, el documento apunta que “los individuos que viven en países más igualitarios tienen más probabilidades de formar un hogar”.

Ellas realizan cuatro de cada cinco horas de trabajo doméstico

Encuestas realizadas con anterioridad y que han sido utilizadas por Sevilla en su estudio muestran que las mujeres realizan de media en España cuatro de las cinco horas de trabajo doméstico diario, mientras que los hombres se ocupan de la hora restante.

Además, las madres españolas dedican al cuidado de sus hijos cuatro horas diarias de media de las seis que son necesarias, mientras que los padres dedican a este menester la mitad de tiempo que sus parejas, dos horas. La menor dedicación de los varones a las tareas domésticas tiene relación con el “estigma social” que entrañan este tipo de trabajos, y que sigue siendo mayor en países como España o Italia que en los nórdicos.

“Aunque la mujer hace menos trabajo doméstico que hace unos años, la carga de horas no ha disminuido en la misma proporción que el tiempo que pasa trabajando fuera de casa”, subrayó la investigadora. El estudio nació con el objetivo de “ver qué está pasando con la natalidad en los países desarrollados”. “Había muchos estudios sobre este tema, pero no sobre qué cosas determinan que un hombre y una mujer formen una pareja, y la mayoría de los niños nazcan en ese contexto. Por ello indagué sobre el impacto que tiene la división del trabajo doméstico en la constitución y el mantenimiento de esa unión”.

28.10.09

Andrea Bocelli - Por ti volaré



Cuando vivo solo 
sueño un horizonte 
falto de palabras,
en la sombra y en tres luces 
todo es negro para mi mirada

si tú no estas junto a mi, aquí,
 tú en tu mundo, 
separado del mio
 por un abismo
 oye, llámame 
yo volaré,
 a tu mundo lejano.
Por ti volaré,
 espera, que llegaré,
 mi fin de trayecto eres tú,
 para vivirlo los dos,
 por ti volaré
 por cielos y mares
hasta tu amor,
abriendo los ojos por fin,
 contigo yo viviré.


Cuando estas lejana
sueño un horizonte 
falto de palabras
 y yo sé que
siempre estas ahí, ahí,
una luna hecha para mi, siempre iluminada para mi,
por mi, por mi, por mi
por ti volaré
 espera que llegaré:
mi fin de trayecto eres tú
contigo yo viviré
por ti volaré,
por cielos y mares
hasta tu amor
abriendo los ojos por fin
 contigo yo viviré 
por ti volaré 
por cielos y mares
 hasta tu amor,
 abriendo los ojos por fin,
 contigo yo viviré,
 por ti volaré
volaré

27.10.09

Conquistar la libertad


Ramiro Pellitero nos habla de la importancia de la educación para conquistar la libertad con motivo del viaje del Papa a Praga.


Veinte años después de la caída del muro de Berlín, ante los intelectuales de Praga –que contribuyeron a la “revolución de terciopelo” haciendo posible la conquista de la libertad–, Benedicto XVI ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la verdad y la libertad. También ahora está en juego la libertad frente a una dictadura no menos aplastante: la mezcla del relativismo y la mentalidad tecnicista.

Concretamente, ha propuesto “la idea de la formación integral, basada en la unidad del conocimiento enraizado en la verdad, para responder a una nueva dictadura, la del relativismo combinado con el dominio de la técnica”. Ha querido dejar claro –y esto nos afecta particularmente a todos los universitarios– que “la cultura humanística y la científica no pueden estar separadas, al contrario, son las dos caras de una misma medalla”.

En un discurso memorable, en primer término ha criticado a los que “pretenden que las cuestiones planteadas por la religión, la fe y la ética no tienen lugar dentro de las fronteras de la razón colectiva”. El argumento es la apertura del espíritu humano a la verdad. “La libertad que está debajo del ejercicio de la razón –sea en la universidad o en la Iglesia– tiene un fin: está destinada a la búsqueda de la verdad, y, como tal, expresa una dimensión del cristianismo que, en los hechos, está el origen de la Universidad”. “En efecto –continuaba–, la sed de conocimiento que está en el hombre, impulsa a cada generación a ampliar el concepto de razón y a aplacar esa sed en la fuente benefactora de la fe”.

Por eso, avanzando en el argumento, entiende el Papa que la universidad, o cualquier otra institución cultural, debe mantener su autonomía para responder ante la verdad. Pero esa autonomía puede ser socavada, como fue, en muchos países de Europa, “sistemáticamente destruida por la reductiva ideología del materialismo, la represión de la religión y la negación del espíritu humano”. Sucede que “la aspiración a la libertad y a la verdad es una parte inalienable de nuestra humanidad común”, por lo que “no puede ser eliminada y, como la historia lo ha demostrado, cuando se la niega, se pone en peligro la humanidad misma”. Justamente a esta aspiración obedece la fe religiosa junto con las diferentes formas del arte, la filosofía, la teología y las demás disciplinas científicas, cada una con su propio método.

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Veinte años después de la caída del muro de Berlín, ante los intelectuales de Praga –que contribuyeron a la “revolución de terciopelo” haciendo posible la conquista de la libertad–, Benedicto XVI ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la verdad y la libertad. También ahora está en juego la libertad frente a una dictadura no menos aplastante: la mezcla del relativismo y la mentalidad tecnicista.

Concretamente, ha propuesto “la idea de la formación integral, basada en la unidad del conocimiento enraizado en la verdad, para responder a una nueva dictadura, la del relativismo combinado con el dominio de la técnica”. Ha querido dejar claro –y esto nos afecta particularmente a todos los universitarios– que “la cultura humanística y la científica no pueden estar separadas, al contrario, son las dos caras de una misma medalla”.

En un discurso memorable, en primer término ha criticado a los que “pretenden que las cuestiones planteadas por la religión, la fe y la ética no tienen lugar dentro de las fronteras de la razón colectiva”. El argumento es la apertura del espíritu humano a la verdad. “La libertad que está debajo del ejercicio de la razón –sea en la universidad o en la Iglesia– tiene un fin: está destinada a la búsqueda de la verdad, y, como tal, expresa una dimensión del cristianismo que, en los hechos, está el origen de la Universidad”. “En efecto –continuaba–, la sed de conocimiento que está en el hombre, impulsa a cada generación a ampliar el concepto de razón y a aplacar esa sed en la fuente benefactora de la fe”.

Por eso, avanzando en el argumento, entiende el Papa que la universidad, o cualquier otra institución cultural, debe mantener su autonomía para responder ante la verdad. Pero esa autonomía puede ser socavada, como fue, en muchos países de Europa, “sistemáticamente destruida por la reductiva ideología del materialismo, la represión de la religión y la negación del espíritu humano”. Sucede que “la aspiración a la libertad y a la verdad es una parte inalienable de nuestra humanidad común”, por lo que “no puede ser eliminada y, como la historia lo ha demostrado, cuando se la niega, se pone en peligro la humanidad misma”. Justamente a esta aspiración obedece la fe religiosa junto con las diferentes formas del arte, la filosofía, la teología y las demás disciplinas científicas, cada una con su propio método.

En segundo lugar, junto con la búsqueda de la verdad, hay otro aspecto de la misión de la universidad que es la educación de los jóvenes. Esa tarea –la educación–viene ya desde Platón y “jamás se ha reducido a acumular conocimientos o competencias técnicas, sino que es una paideia, es decir, una formación humana a partir de los tesoros de la tradición intelectual ordenada a una vida virtuosa”. Recordaba Benedicto XVI sencillamente la historia y el sentido de la universidad, de la gran relación entre lo que hoy hemos distinguido –excesivamente– entre “Humanidades” y “Ciencias”. Cuando las grandes universidades se desarrollaban en Europa durante la Edad Media, animadas por el ideal de una síntesis de conocimientos, todo eso estaba al servicio de una auténtica “humanidad”, de la perfección de la persona en el seno de una sociedad justa y ordenada. Y así es todavía, en el ideal que propone el Papa: una vez que la inteligencia de los jóvenes se despierta a la plenitud y a la unidad de la verdad, ellos saborean el descubrimiento de que “su aprendizaje del saber se abre a la gran aventura de lo que deben ser y lo que deben hacer”.

Por eso no se puede renunciar a una formación que integre las Humanidades y las Ciencias: “Hay que volver a descubrir la idea de una educación inclusiva, fundada sobre la unidad del conocimiento basado sobre la verdad”, para contrarrestar la tendencia a la fragmentación del saber. Con el desarrollo de las tecnologías, existe la tentación de desligar la razón respecto a la búsqueda de la verdad. Si eso sucede, la razón se desorienta, se marchita, sea bajo la aparente modestia de contentarse con lo parcial y provisional, sea bajo la aparente seguridad de quien otorga igual valor a todas las cosas. Pero de ahí se sigue un relativismo que amenaza precisamente la autonomía de la universidad. Ahora no existe la amenaza del totalitarismo político, pero existe la amenaza de las presiones ideológicas, utilitaristas y pragmáticas. ¿Qué pasará –se pregunta el sucesor de Pedro– si nuestra cultura se contenta con los argumentos de moda, desconectando de la gran tradición intelectual o incluso de las raíces que le han dado vida? “Nuestras sociedades no se volverán más razonables, tolerantes o capaces de adaptarse, sino al contrario, más frágiles y menos inclusivas, con más dificultades para reconocer lo verdadero, noble y bueno”.

Si la universidad no desarrollase las humanidades y no reconociera a la religión su lugar en el núcleo de las humanidades, no habría futuro para un diálogo entre las culturas. “Una comprensión de la razón que es sorda a lo divino y que relega a la religión al rango de las subculturas, es incapaz de entrar en diálogo con las culturas, diálogo del que nuestro mundo tiene una necesidad tan urgente”. En el fondo sigue presente el desafío de la libertad. La razón es clara: “la fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es lo único que garantiza la libertad” (encíclica Caritas in veritate, n. 9). Por eso se impone la opción por una educación que facilite la conquista diaria de la libertad.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra




26.10.09

Diálogo con los musulmanes

Palabras de Benedicto XVI, en el encuentro con los líderes musulmanes, el Cuerpo Diplomático y los Rectores de las universidades jordanas en la mezquita Al Hussein Ben Talal. Ammán, (9-V-2009).


En realidad, cuando la razón humana permite humildemente ser purificada por la fe, no se debilita; al contrario, se refuerza al resistir a la presunción de ir más allá de sus propios límites. De esta manera, la razón humana se refuerza en el empeño de perseguir su noble objetivo de servir a la humanidad, manifestando nuestras aspiraciones comunes más íntimas, ampliando el debate público, en vez de manipularlo o restringirlo. Por tanto, la adhesión genuina a la religión, en vez de restringir nuestra mente, amplía el horizonte de la comprensión humana. Protege a la sociedad civil de los excesos de un ego incontrolable, que tiende a hacer absoluto lo finito y a eclipsar lo infinito; asegura que la libertad se ejerza en consonancia con la verdad; y enriquece la cultura con el conocimiento de lo que concierne a todo lo que es verdadero, bueno y bello.

Esta comprensión de la razón, que comprometidos a superar nuestros intereses particulares y alentar a los demás, en particular a los administradores y líderes sociales, a hacer lo mismo para experimentar la profunda satisfacción de servir al bien común, incluso en detrimento del bien personal. Se nos recuerda que precisamente porque nuestra dignidad humana constituye el origen de los derechos humanos universales, estos valen para todo hombre y mujer, sin distinción de grupos religiosos, sociales o étnicos. A este respecto, debemos subrayar que el derecho a la libertad religiosa va más allá de la cuestión del culto e incluye el derecho, especialmente de las minorías, a un justo acceso al mercado del empleo y a las demás esferas de la vida civil.

25.10.09

Nadadores a contracorriente

Muy buen artículo el que publicó JUAN MANUEL DE PRADA en ABC el Sábado, 17-10-09


Escribía Chesterton que sólo quien nada a contracorriente sabe con certeza que está vivo. Se trata, desde luego, de un ejercicio nada plácido, pues la energía que el nadador a contracorriente emplea en cada brazada no se corresponde con un avance proporcional; y basta con que flojee en su ímpetu para que la tentación del desistimiento haga mella en él. Quien nada a favor de la corriente, en cambio, no tiene que molestarse en bracear; y ni siquiera es preciso que esté vivo, pues la corriente seguiría arrastrándolo como si tal cosa. Las grandes batallas del pensamiento, las conquistas que han ensanchado el horizonte humano, siempre se han librado a contracorriente; y, con frecuencia, quienes se atrevieron a protagonizarlas fueron contemplados por sus contemporáneos como retrógrados, incluso como peligrosos delincuentes. Pero, junto al rechazo o incomprensión de su época, estos pioneros que osaron contrariar el «espíritu de los tiempos» pudieron proclamar con orgullo que estaban vivos; y con su sacrificio irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte, convocaron a la vida a quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas nadaban a favor de la corriente.

Así debió ocurrir con los primeros patricios que, en la época de máximo esplendor del Imperio Romano, empezaron a manumitir esclavos, como aquel Filemón que, siguiendo las instrucciones de San Pablo, decidió acoger a su esclavo Onésimo como si de un «hermano querido» se tratase. Cuando Filemón manumite a Onésimo, la esclavitud no era tan sólo una institución jurídica plenamente reconocida, auspiciada y protegida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Según establecía el derecho de gentes de la época, los esclavos eran individuos que, aun perteneciendo a la especie humana, no eran «personas» en el sentido jurídico de la palabra, sino «bienes» sobre los que sus amos podían ejercer un «derecho» de libre disposición. Los nadadores a contracorriente como Filemón alegaron entonces que, más allá de los preceptos legales, existía un estado de naturaleza que permitía reconocer en cualquier ser humano una dignidad inalienable; y que tal dignidad era previa a su consideración de ciudadano romano (...)

Como ocurriera hace dos mil años a los primeros patricios romanos que empezaron a manumitir esclavos, ocurre hoy a quienes se oponen al aborto. Los nadadores a favor de la corriente los anatemizan y escarnecen, los calumnian presentándolos como detractores de los «derechos de la mujer», los caracterizan como sombríos «retrógrados» que amenazan el progreso social. Pero, como aquellos primeros patricios romanos que reconocieron en cualquier persona una dignidad inalienable, quienes hoy se oponen al aborto no hacen sino velar por ese meollo irrenunciable de humanidad que nos constituye, que nos permite reconocer como miembro de la familia humana a quien aún no tiene voz para proclamarlo, que nos impone proteger la vida gestante, la más desvalida e inerme, como garantía de nuestra propia supervivencia moral, para que no nos ocurra lo que Marcel Proust denunciaba, al describir el clima de corrupción en el que se desenvolvían sus personajes: «Desde hacía tiempo ya no se daban cuenta de lo que podía tener de moral o inmoral la vida que llevaban, porque era la de su ambiente. Nuestra época, para quien lea su historia dentro de dos mil años, parecerá que hubiese hundido estas conciencias tiernas y puras en un ambiente vital que se mostrará entonces como monstruosamente pernicioso y donde, sin embargo, ellas se encontraban a gusto».